El siglo XXI está cumpliendo sus 10 años, y ya casi se puede decir que ha dejado de ser un nuevo siglo.
Diez años en el ritmo actual de las generaciones y del mundo es mucho, muchísimo tiempo. Para los más jóvenes este ritmo es connatural, es el que marca sus relaciones, sus preferencias, sus búsquedas y su inserción en el mundo real y virtual.
Los adultos, en cambio, más bien seguimos de atrás el ritmo de nuestros hijos y por lo tanto, corremos el riesgo de ser “arrastrados” por ellos en vez de ser puntos de referencia. Y en vez de ofrecerles orientaciones válidas de presente y de futuro, podemos sentirnos tan desorientados y tan fragmentados como ellos.
Todo avance humanizante supone amasar en un nuevo pan, que alimente a las jóvenes generaciones, lo mejor del pasado, lo mejor del presente y las mejores perspectivas.
Ni artificialmente juvenilistas ni dinosaurios, los adultos educadores estamos llamados a ayudar a nuestros jóvenes en una construcción humanizante del futuro.
Si no podemos ofrecerles criterios, valores, sensibilidades, visiones y actitudes para que incorporen creativamente y transformen las conquistas fundamentales de nuestra humanidad en vistas de las realidades del futuro, los exponemos a naufragar en la vida, aún cuando sean expertos navegantes de la red.
“Somos un sueño tuyo” , es nuestro lema para ese año. Y es que queremos que las mejores intuiciones y conquistas de aquel visionario educador del siglo XIX, que fue Don Bosco, se metan en el corazón de este siglo XXI de la mano de nuestros hijos, con sus nuevas búsquedas y lenguajes. Queremos que lleguen a este mundo, tan distinto de aquel del pasado, pero tan necesitado, como entonces, de experimentar el amor de modo entendible (amabilidad); tan necesitado, como entonces de comprender y dar sentido a la vida (razonabilidad) y también tan necesitado de hallar un fundamento indestructible para defender su dignidad y una esperanza de trascendencia que no defraude (religión).
Para los niños, adolescentes y jóvenes que atravesaban las turbulencias propias del nacimiento de la era industrial, Don Bosco que era de origen y formación campesinas- halló el modo de ser su padre y maestro. ¿Encontraremos nosotros, nacidos y formados en otra cultura, el modo de serlo para nuestros hijos, nacidos en la época digital?
¡Bienvenidos al camino compartido de este año!
¡Bienvenidos al sueño que nos mantiene despiertos en nuestra vocación de padres y educadores!